Lienzo de cabecera: Françoise de Felice
- Queridos amigos, hace algunas semanas os dije que iría rescatando textos del poeta sonorense Abigael Bohórquez, porque a mí lógicamente me fascina, porque sus libros son dificilísimos de encontrar y porque creo que merece la pena conocer sus poemas y adentrase un poco en su mundo.
- Esta poesía que os muestro hoy dista muchísimo con la anterior en el tema, no así en su apasionamiento y su talento.
- Se titula: Llanto por la muerte de un perro y poco se me ocurre decir de él, salvo que lo leáis y los disfrutéis.
- Las imágenes que forman parte de este post son todas de Jan Puerta, un gran fotógrafo, una magnífica persona llena de talento que hace una labor encomiable en su blog: imágenes y palabras, el cual os recomiendo si todavía no lo conocéis, pues merece mucho la pena, se trata de una joya única en este mundo de los blogs.
- Sus fotografías, en este caso, son una muestra de perros abandonados que Jan ha ido fotografiando y forman parte de una colección extraordinaria de sensibilidad y buen hacer.
- Espero que os guste.
- Llanto por la muerte de un perro, Abigael Bohórquez :
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- Hoy me llegó una carta de mi madre
- y me dice, entre otras cosas: —besos y palabras—
- que alguien mató a mi perro.
- “Ladrándole a la muerte,
- como antes a la luna y el silencio,
- el perro abandonó la casa de su cuerpo,
- —me cuenta—,
- y se fue tras de su alma
- con su paso extraviado y generoso
- el miércoles pasado.
- No supimos la causa de su sangre,
- llegó chorreando angustia,
- tambaleándose,
- arrastrándose casi con su aullido,
- como si desde su paisaje desgarrado
- hubiera
- querido despedirse de nosotros;
- tristemente tendido quedó,
- —blanco y quebrado—,
- a los pies de la que antes fue tu cama de fierro.
- Lo hemos llorado mucho...”
- Y, ¿por qué no?
- yo también lo he llorado;
- la muerte de mi perro sin palabras
- me duele más que la del perro que habla,
- y engaña, y ríe, y asesina.
- Mi perro siendo perro no mordía.
- Mi perro no envidiaba ni mordía.
- No engañaba ni mordía.
- Como los que no siendo perros descuartizan,
- destazan,
- muerden
- en las magistraturas,
- en las fábricas,
- en los ingenios,
- en las fundiciones,
- al obrero,
- al empleado,
- al mecanógrafo,
- a la costurera,
- hombre, mujer,
- adolescente o vieja.
- Mi perro era corriente,
- humilde ciudadano del ladrido-carrera,
- mi perro no tenía argolla en el pescuezo,
- ni listón ni sonaja,
- pero era bullanguero, enamorado y fiero.
- A los siete años tuve escarlatina;
- y por aquello del llanto y el capricho
- de estar pidiendo dinero a cada rato,
- me trajeron al perro de muy lejos
- en una caja de zapatos. Era
- minúsculo y sencillo como el trigo;
- luego fue creciendo admirado y displicente
- al par que mis tobillos y mi sexo;
- supo de mi primera lágrima:
- la novia que partía,
- la novia de trenzas de racimo y de la voz de lirio;
- supo de mi primer poema balbuceante
- cuando murió la abuela;
- mi perro fue en su tiempo de ladridos
- mi amigo más amigo.
- “Ladrándole a la muerte,
- como antes a la luna y el silencio,
- el perro abandonó la casa de su cuerpo,
- —dice mi madre—,
- y se fue tras de su alma —los perros tienen alma:
- un alma mojadita como un trino—
- con su paso extraviado y generoso
- el miércoles pasado...”
- Ay, en esta triste tristeza en que me hundo,
- la muerte de mi perro sin palabras,
- me duele más que la del perro
- que habla,
- y extorsiona,
- y discrimina,
- y burla;
- mi perro era corriente,
- pero dejaba un corazón por huella;
- no tenía argolla ni sonaja,
- pero sus ojos eran dos panderos;
- no tenía listón en el pescuezo,
- pero tenía un girasol por cola
- y era la paz de sus orejas largas
- dos lenguas
- de diamantes.
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Charles W. Hawthorne
- Qué podría decir de la escritora Carmen Conde, una mujer fascinante y cultísima poseedora de un talento extraordinario que perdura en sus poemas, en su narrativa, en sus cuentos.
- Nació en Cartagena en el año 1907 y murió en Madrid en el año 1996, fue la primera mujer española que ingresó en la Real Academia Española.
- Su lírica es intensamente sensual, adoradora de la naturaleza y del amor como estandarte.
- Este poema que os muestro hoy, reclama la rendición del cuerpo, de la piel , clama a gritos desfogarse sin remilgos e invita a una fuga en los jardines realmente apasionante.
- Espero que os guste tanto como a mí.
Neil Rodger
FUGA EN LOS JARDINES
- Las más jóvenes, deseándoos, avanzan
- por estas avenidas de árboles fragantes.
- Evaden primavera que a las flores oxida
- con un ardor oliendo a frutas, a corceles. ..
- ¡Qué salvaje presencia la de las hembras púberes
- entre glicinas cálidas, entre celindas vívidas!
- Exigen que las amen, que las sigan corriendo
- para volcarles júbilos sobre la orilla ebria.
Emilio Sala y Frances
...
Peter Kuhfeld
- ¡Muchachas, corred más: corred hasta la aurora!
- Estos grandes varones de los pechos revueltos
- ansían desgranaros, ¡oh mazorcas crujientes!,
- con su hambre de bocas y su hambre de frutos.
- Hasta el río, que es tajo delimitando sueños,
- huele a amor y a festines...
Edmund Charles Tarbell
...
Thomas Dewing
- Han temblado los álamos al estallar unánimes
- los oscuros latidos de dobles ruiseñores.
- Los regazos del musgo, el frío de los juncos,
- contemplando el encuentro aceleran su verde.
- Es un cántico trémulo, en gargantas sorbido
- por el amor abierto en mitad de la selva.
Louis Aston Knight
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Salvador Dalí...
Charles Courtney Curran
- ¡Corred siempre, muchachas, que el seguiros excita
- el ardor de cogeros, suyas todas, a hombres
- que de fieros esgrimen el ademán tan sólo!
- Y envolveros en ropas de blanco lino puro
- para mojar con ellas esos cuerpos calientes,
- y amanecer ceñidas, ante el amor que vibra,
- por el celo del agua posesor de las vírgenes.
..
Peter Kuhfeld
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Frederick John Mulhaupt
...
Thomas Dewing
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Colin Campbell Cooper
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Alfred Stevens
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Guy Orlando Rose
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Franz Von Stuck
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Javier Clavo
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Simeon Solomon
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Carmen Pascual, carmensabes
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- Se abre el aire y da paso al aroma…
- Tus dos pechos, como dos cabritos
- mellizos de gama, que son apacentados
- entre azucenas.
- Se abre el aire y da paso al aroma.
- En los labios del día hay una
- mueca de delicia.
- Los furtivos caminan cabizbajos con sus flacos
- lebreles.
- En la montaña el gato montés y la garduña están ambos
- en celo y lanzan sus urgentes maullidos.
- Te bañas en el río y tus
- dos pechos brillan como peces de escamas rubias y tornasoladas.
- Te miro, mejor decir te observo y se me enturbia el pensamiento,
- mujer amada y deleitosa, maternal y luciente.
- En el agua se mece
- y se dilata y gira la redondez rotunda de tu culo.
- Y tu risa es de
- breva que ha rajado el verano y respetado el pico de los pájaros.
- A deidad de los sexos te comparo, a fruto terrenal, a estatuilla de
- barro sin cocer de Maillol te comparo.
- Como dos cabritos mellizos de gama, como magnolias lentas, así tus
- pechos de pico de paloma, así tus dos panales obedientes, así tu
- ser y tu opulencia, sacerdotisa de las mieses, diosa de los retablos.
- Que mis ojos te absorban, que te incrustes como una gema en la
- palabra, que quepas en la hondura de mi pecho, que abras los
- manantiales de la idea, que me talles el alma con el cincel de tu
- correspondencia con la vida.
- Desde la gloria de tu piel y tu planta, hazme que cante en ti y contigo,
- ahora que se inclina, como una rama del granado cargada
- de dulzuras, la hora breve y cuajada de la tarde, en donde,
- como música inmóvil, con suavidades palpo la luz de tu silencio.
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Vittorio Matteo Corcos
- Me refugié bajo un portal. De la casa de enfrente llegaban las notas de un vals.
Carl Vilhelm Holsoe
- Cesó la lluvia, y en el balcón de aquella casa apareció una muchacha morena vestida de amarillo.
- No la veía bien, allá en lo alto; no hubiese podido decir "su nariz sonrosada", pero me enamoré; quizá fue por el aguacero, quizá el brillo de las goteras bajo el sol que asomaba otra vez (nos sigue de puntillas alguien que mueve las nubes, suscita clamores en los caminos sólo para que nos empujen donde a él le conviene, pero de modo que se acuse a las nubes y a los clamores).
Alfred Stevens
- Desde el balcón se le cayó a la muchacha un pañuelo; corrí a recogerlo y entré en el portal escaleras arriba.
Eugene de Blaas
- En lo alto me esperaba la muchacha: "Gracias", dijo. "¿Cómo te llamas?", la pregunté, jadeante. "Ana", respondió, y despareció.
- La escribí una carta que nunca más he vuelto a escribir en la vida, al cabo de un año era mi mujer.
Vittorio Matteo Corcos
- Somos felices; a menudo viene a vernos María, la hermana de Ana; se quieren y se parecen mucho.
- Un día se habló de aquella tarde de verano, de cómo nos habíamos conocido Ana y yo. "Estaba en el balcón -contó María- y, de repente, se me cayó el pañuelo.
Frederick Carl Frieseke
- Ana estaba tocando el piano.
John Sloan
- La dije: "Se me ha caído el pañuelo, alguien viene a traérmelo".
- Ella, menos tímida que yo, fue a tu encuentro y os conocisteis, lo recuerdo como si fuera ayer;
- las dos llevábamos un vestido amarillo.
William Merritt Chase
Eugene de Blaas
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Thomas Pollock Anschutz
Vittorio Matteo Corcos
Francis Sidney Muschamp
Edmond Francois Aman
"El amor halla sus caminos, aunque sea a través de senderos por donde ni los lobos se atreverían a seguir su presa." Lord Byron