Lienzo de cabecera: Françoise de Felice
Anwen Keeling
- " Cómo deseé ser aquella inocente pieza de acero inoxidable cuando se llevó la cucharada de sopa a los labios.
- Habría cambiado toda la sangre de mi cuerpo por medio litro de caldo vegetal.
- Déjame ser un taco de zanahoria o un fideo para que me metas en tu boca.
- Tuve envidia del panecillo.
- La miré partir y untar cada trocito con mantequilla, empaparlo lentamente en el tazón, dejar que se volviera grueso y grávido, que se hundiese bajo el peso rojo oscuro y que resucitara al glorioso placer de sus dientes.
- (...)
- Las patatas, el apio, los tomates, todo había pasado por sus manos. Cuando me tomé la sopa la filtré para saborear su piel.
- Había estado allí, debía quedar algo de ella.
- La encontraría en el aceite y las cebollas, la detectaría a través del ajo. Sabía que había escupido en la sartén para ver si el aceite estaba a punto.
- Es un viejo truco, todos los chefs lo hacen, o lo hacían.
- Y supe, cuando le pregunté qué había en la sopa, que había suprimido el ingrediente fundamental.
- Te saborearé, aunque sea a través de tu cocina. "
- Jeanette Winterson
- Escrito en el cuerpo (fragmento)
Georges Malkine
Madre e hijo
El 6 de marzo de 1881 nace María Gutiérrez Blanchard, en Santander, primogénita del matrimonio compuesto por Concepción Blanchad Santisteban y Enrique Gutiérrez Cueto.
Debido a una caída que su madre sufrió, durante el tiempo de gestación, nació con una deformidad física (tenía enanismo,
joroba, cojera) que le causó indecible sufrimiento hasta su muerte, ya que la crueldad de sus semejantes, la llamaban "la bruja", la convirtió en un ser solitario.
Oleo sobre lienzo
Desde niña mostró gran habilidad y destreza con el dibujo, afición que alentaron sus padres, quienes le permitieron trasladarse a Madrid para iniciar su formación en artes plásticas, en 1902.
Dos años más tarde muere su padre, por lo que su madre y sus cuatro hermanos, se instalan con ella en Madrid.
El almuerzo
Es un momento difícil para la familia, pero gracias a la ayuda económica prestada por su tío Domingo Gutiérrez, María puede seguir estudiando.
En 1906 es alumna de Fernando Álvarez de Sotomayor, y presenta en la Exposición Nacional de Bellas Artes su obra Gitana. Y en 1908, su cuadro Los primeros pasos obtiene la tercera medalla del certamen.
La gitana
Al año siguiente, cuando la pintora contaba con veintiocho años de edad, la Diputación y el Ayuntamiento de Santander le conceden una beca para poder ir a París.
Ya en París, recibe clases de Van Dongen y Hermenegildo Anglada Camarasa, quien le enseñó el empleo del color y la ayudó a superar los academicismos.
La toilette
En 1910, recibe otra medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes, esta vez el segundo premio, por su obra Ninfas encadenando a Sileno.
Oleo sobre lienzo
En la ciudad del Sena conoce a Diego Rivera, Juan Gris y a Jacques Lipchitz, entre otros, lo que sin duda fue determinante en su evolución posterior.
Regresó a España en 1914, donde le sorprende el estallido de la I Guerra Mundial, esto le hace imposible volver a París por lo que se queda en Madrid. Un año después, Ramón Gómez de la Serna organiza una exposición, Pintores Íntegros a la que acude Blanchard, el fracaso fue rotundo.
Convaleciente
Gracias a esto y a la precaria situación económica por la que atraviesa su familia, decide opositar para la cátedra de dibujo de la Escuela Normal de Salamanca, y lo consigue.
Sin embargo su presencia en esa ciudad es corta, ya que sus alumnos no paran de hacer comentarios crueles sobre su aspecto físico.
Vuelve de nuevo a París donde se reencuentra con sus amigos, especialmente con Juan Gris, en cuya casa se aloja.
La niña del brazalete
En 1918 conoce a Leonce Rosenberg y entra a formar parte de su cartera de pintores de la galería L'Effort Moderne.
Comienza su andadura por el cubismo, exponiendo su obra en muestras internacionales como la celebrada en Bruselas en 1920, en la que compartió protagonismo con pintores como Picasso, Léger o Braque; su pintura se incluye en las exposiciones del "Salon des Independants".
En 1921, su cuadro La comulgante, pintado en 1914, logró el aplauso de la crítica y el público parisino.
Sus obras empezaron a venderse, pero de nuevo la mala suerte la persigue, pierde el apoyo de Rosenberg y vuelve a conocer las penurias económicas, hasta que el mecenas belga Frank Flausch la ayuda mediante un contrato mensual.
Oleo
Sin embargo, la alegría y la prosperidad duraron apenas unos años, ya que en 1926 muere su mecenas y amigo Flausch, y el año siguiente es el turno de Juan Gris.
Todo ello acentuado por su deterioro físico, provocado por la tuberculosis, así como una carga añadida, la de su hermana Carmen y sus hijos, que buscan refugio en casa de María.
La echadora de cartas
A pesar de todo, sigue sacando fuerzas para pintar, y vuelva a tener a un marchante, Max Berger, director de la galería Valvin de París, y a un mecenas.
Sus problemas económicos se resuelven, pero no así los de salud, por ello busca consuelo en la religión y se plantea entrar en un convento, pero es disuadida por su confesor.
La bretona
En los últimos años de su vida vuelve a tener problemas económicos, ya que debe mantener a su hermana y a sus sobrinos, esto le hace sufrir recaídas de salud, hasta que finalmente, en abril de 1932, fallece en su estudio de la calle Boulard.
Sus primeras obras, realizadas hasta 1914, poseen un marcado carácter costumbrista. Se advierten en ellas, influencias de Anglada, Mir e incluso, con anterioridad, de López Mezquita y la pintura granadina.
Más tarde, las pinceladas cubistas irrumpen en sus lienzos, pero interpretándolo de modo muy personal, según revela Mujer con abanico (1916), siempre dentro de un moderado modelo compositivo, el objeto recreado sigue fiel en la representación y no sufre desarticulación ni descomposición alguna. Las obras de 1920 en adelante, vuelven a una figuración casi absoluta.
Mujer con abanico
Oleo sobre lienzo
Bodegón
Composición
Dolor de muelas
Maternidad
Joven en la escalera

Leyendo
Retrato mujer joven
Joven con taza
Con pasteles
Mujer tumbada
La refugiada
El borracho
Niño con helado
Santiago Rusiñol i Prats
- Ana se sentía caer en un pozo, según ahondaba, ahondaba en los ojos de aquel hombre que
- tenía allí debajo; le parecía que toda la sangre se le subía a la cabeza, que las ideas se
- mezclaban y confundían, que las nociones morales se deslucían, que los resortes de la
- voluntad se aflojaban; y viendo como veía un peligro, y desde luego una imprudencia en
- hablar así con don Álvaro, en mirarle con deleite que no se ocultaba, en alabarle y abrirle el
- arca secreta de los deseos y los gustos, no se arrepentía de nada de esto, y se dejaba resbalar,
- gozándose en caer, como si aquel placer fuese una venganza de antiguas injusticias sociales,
- de bromas pesadas de la suerte, y sobre todo de la estupidez vetustense que condenaba toda
- vida que no fuese la monótona, sosa y necia de los insípidos vecinos de la Encimada y la
- Colonia...
- Ana sentía deshacerse el hielo, humedecerse la aridez; pasaba la crisis, pero no
- como otras veces, no se resolvería en lágrimas de ternura abstracta, ideal, en propósitos de
- vida santa, en anhelos de abnegación y sacrificios; no era la fortaleza, más o menos fantástica,
Ken Howard
- de otras veces quien la sacaba del desierto de los pensamientos secos, fríos, desabridos,
- infecundos; era cosa nueva, era un relajamiento, algo que al dilacerar la voluntad, al vencerla,
- causaba en las entrañas placer, como un soplo fresco que recorriese las venas y la médula de
- los huesos.
Ken Howard
- «Si ese hombre no viniese a caballo, y pudiera subir, y se arrojara a mis pies, en
- este instante me vencía, me vencía». Pensaba esto y casi lo decía con los ojos. Se le secaba la
- boca y pasaba la lengua por los labios. Y como si al caballo le hiciese cosquillas aquel gesto
- de la señora del balcón, saltaba y azotaba las piedras con el hierro; mientras las miradas del
- jinete eran cohetes que se encaramaban a la barandilla en que descansaba el pecho fuerte y
- bien torneado de la Regenta.
- Ahora, al sentir revolución repentina en las entrañas en presencia de un gallardo jinete, que
- venía a turbar con las corvetas de su caballo, el silencio triste de un día de marasmo, la
- Regenta no vaciló en creer lo que le decían voces interiores de independencia, amor, alegría,
- voluptuosidad pura, bella, digna de las almas grandes.
- Sus horas de rebelión nunca habían
- sido tan seguidas.
- Desde aquella tarde ningún momento había dejado de pensar lo mismo; que
- era absurdo que la vida pasase como una muerte, que el amor era un derecho de la juventud,
- que Vetusta era un lodazal de vulgaridades, que su marido era una especie de tutor muy
- respetable, a quien ella sólo debía la honra del cuerpo, no el fondo de su espíritu que era una
- especie de subsuelo, que él no sospechaba siquiera que existiese; de aquello que don Víctor
- llamaba los nervios, asesorado por el doctor don Robustiano Somoza, y que era el fondo de su
- ser, lo más suyo, lo que ella era, en suma, de aquello no tenía que darle cuenta.
-
- «Amaré, lo
- amaré todo,
- lloraré de amor, soñaré como quiera y con quien quiera; no pecará mi cuerpo,
- pero el alma la tendré anegada en el placer de sentir esas cosas prohibidas por quien no es
- capaz de comprenderlas».
Vera Rockline
- Dos fragmentos de La Regenta
- Del capítulo I
- Del capítulo XVI
- Leopoldo Alas, Clarín
- Raquel Forner (1902-1988), Pintora, grabadora y profesora de dibujo argentina, que realizó una pintura neofigurativa marcada por el dolor, evolucionando más tarde hacia un simbolismo de influencia expresionista.
Casas
Los frutos
- Descendiente de españoles, nació en Buenos Aires en 1902.
- Su vocación artística surgió a raíz del viaje que realizó a España en compañía de sus padres, cuando tenía 12 años.
- De regreso a Argentina y tras acabar los estudios primarios, ingresa en la Academia Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, donde obtiene el título de profesora de dibujo en 1922.
- Tras conseguir el tercer premio en el Salón Nacional de 1924 con la obra Mis vecinas, regresa a Europa en 1929 para realizar un viaje de estudios que le lleva a Francia, España, Italia y Marruecos.
Barcas
- Finalmente se instaló dos años en París, donde siguió los cursos del pintor francés Othon Friesz. Allí se relacionó con el grupo de pintores argentinos radicados en Europa entre los que se encontraban Antonio Berni, Juan del Prete, el escultor Alfredo Bigatti y el escritor Leopoldo Marechal.
- Tras exponer en el Salón de las Tullerías, regresó a Buenos Aires y fundó en 1932 los primeros cursos libres de arte plástico junto a otros artistas como su futuro esposo, Bigatti.
- En 1937 obtuvo la medalla de oro de la Exposición Internacional de París, e impresionada por la Guerra Civil española comenzó a realizar una serie de obras basadas en ella: La victoria (1939), El drama (1939-1946) y Éxodo (1940) que en algunos momentos se acercan al surrealismo.
La victoria
El drama
Éxodo
- A partir de entonces su pintura es el testimonio de una conciencia estremecida por los males desencadenados sobre el mundo, por las fuerzas regresivas y los infortunios de las guerras.
- En 1947 comienza la serie Las rocas y un año después La farsa. De la década de 1950 son las series: El lago (1953), Apocalipsis (1954), Piscis (1956), Las lunas, (1958-1962) y Espacios, (1957), que supone un paréntesis de optimismo dentro de su sentido dramático de la existencia.
Personajes de la farsa
El diálogo
- A partir de 1957 desarrolló una intensa actividad entre Europa y América, exponiendo en las principales galerías y museos, y en 1961 es invitada de honor de la bienal de São Paulo.
Interludio
- En su taller, convertido en museo-taller, funciona actualmente la fundación Forner-Alfredo Bigatti.
La torre de Babel
- Hasta la realización de la serie Espacios, su preocupación gira en torno al destino terreno de la humanidad, aunque más tarde se volvería hacia las inquietudes del hombre frente al Cosmos.
La caída
El juicio
- La temática constante es el hombre y los acontecimientos de su tiempo, desarrollando en forma de alegorías su angustia, desesperación y esperanza ante un mundo estremecido por las guerras.
Ofrenda
- Bibliografía página web;
- Fundación Forner-Bigatti